Deseperado busco abrirme campo para entrar de nuevo al bar, esquivando cachetadas y puños logro insertarme en la oscuridad que envuelve a los que bailan en la pista; los veo a lo lejos: ella sonríe pasando lascivamente la mano por su pelo, lanzandolo hacia atrás en un golpe de luz, él la mira y sonríe a su vez, seduciéndola, sin sospechar mi presencia; la mira fijamente mientras yo sigo abriéndome paso; el ardor de la herida se confunde con el sabor de la sangre y siento los ojos estallar al ritmo de los bajos: bam bam bam y me quedo absorto, siguiendo con el corazón la cadencia de la música. Caminando ahora tranquilamente, narcotizado por el valium, llego a ellos y me miran con sorpresa (o eso creo), pensando quizás que ya estaría yo confinado en una celda; me miran y parecen no creerlo(o no verme), cogidos de la mano y hablando en una lengua que jamás he escuchado me miran y sonrien: no entienden mis palabras, menos aún cuando alguien me toma violentamente por detrás: "¡otra vez tú, molestando a los clientes! ¡toma y no vuelvas más!" Me sacan de nuevo del lugar, dos, tres puños más, ya veré donde dormiré esta noche.
Sobre Chile
Il y a 6 ans
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